peculiaridades de los correspondientes territorios (Mc Evoy, 1997, p. 214). En el caso de la sierra central, la población se mostró unida ante la amenaza chilena, sin manifestarse diferencias entre indígenas, blancos o mestizos. Tal como ha escrito Manrique, «la ocupación chilena había, en los hechos, desarticulado los mecanismos de coerción estatal implantados en el período anterior, reduciendo al mínimo su eficiencia; la participación indígena tendría que basarse pues, principalmente, en el consenso» (1981, p. 179). Sin embargo, a la larga la guerra mostró la fragilidad del sistema político en el Perú. En el curso de 1881, como ya se ha señalado, fueron frecuentes las pugnas de poder entre las autoridades pierolistas y las que reconocían al gobierno provisorio de García Calderón. Hubo casos de jurisdicciones en las que coexistieron dos prefectos —o dos subprefectos—, uno pierolista y el otro leal al gobierno provisorio. Por ejemplo, en marzo de 1881 había dos prefectos en Áncash y en Ica: en el primero de esos departamentos el pierolista era Tadeo Terry, y el que representaba al gobierno provisorio era Nicanor González (Yábar, 2009, I, pp. 412 y 417); en Ica, el prefecto nombrado por el gobierno de Piérola era Enrique Villena, y Jesús Elías era el que representaba al gobierno provisorio (2009, I, pp. 379-381 y 412). En setiembre de 1881, en Loreto, el prefecto pierolista era Juan Arévalo Villasís, y el nombrado por el gobierno provisorio era Pablo Santillán (2009, III, pp. 19 y 20). Para el gobierno provisorio liderado por Lizardo Montero, controlar el nombramiento de prefectos y de subprefectos era clave, toda vez que eran ellos quienes convocaban y reclutaban hombres para el ejército, y a la vez constituían apoyo fundamental de los jefes político-militares. Así se aprecia, por ejemplo, en los oficios que envió la Delegación al prefecto de Ica con respecto al enfrentamiento entre tropas peruanas en ese lugar, y que hemos mencionado en un apartado anterior; o en la comunicación enviada el 25 de febrero de 1882 al prefecto de Huancavelica, Ignacio Alarco90, mediante la que se le pedía tomar las medidas necesarias frente a un posible ataque del coronel Mas, militar peruano que desconocía al gobierno provisorio. Luego de haber sido derrotado en Ica, Mas se encontraba cerca de Huancavelica, con algunas tropas. Al prefecto se le indicaba «impedir a todo trance» el retorno de Mas a Ica o a sus inmediaciones [57]. En la misma fecha los delegados se dirigieron al jefe político-militar del Centro, Andrés A. Cáceres. Le informaban que era «de absoluta necesidad debelar cuanto antes esa facción». Por eso, le 65
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