francesa y el ejército prusiano que tomó París y la reinstaló en el poder para combatir a la Comuna (1981, p. 79). Así, en los primeros meses de 1881 a García Calderón le costaba mucho ampliar sus áreas de influencia más allá de los departamentos de la costa ocupados por los chilenos; en el resto del país seguía siendo reconocida la dictadura de Piérola, a pesar de haber sido derrotado por los chilenos en la campaña de Lima (Basadre, 1983, VI, p. 263; Manrique, 1981, p. 120). El panorama fue cambiando meses después, y ya a fines de ese año no eran pocos los pueblos y departamentos que habían reconocido el gobierno provisorio. Las acciones que había ido emprendiendo García Calderón le generaron creciente adhesión en el país, ya que a lo largo de ese año fue dejando clara su independencia frente a los ocupantes chilenos. Así ocurrió con su persistente negativa a conversar sobre la paz con Chile si se exigía una cesión territorial; su rechazo a dicha posibilidad fue muy firme. Además, el ya mencionado apoyo de los diplomáticos norteamericanos a la posición del gobierno provisorio, y la simpatía del ministro Hurlbut por la causa peruana, terminaron generando la decisión de las autoridades chilenas de detener a García Calderón, y de posteriormente desterrarlo al país del sur. Todo ello probó su independencia frente a las autoridades de ocupación, y en este sentido fue creciendo la legitimidad del gobierno provisorio a lo largo del territorio peruano. Así, para fines de 1881 ya el gobierno provisorio —liderado entonces por Lizardo Montero— tenía el respaldo necesario como para efectuar nombramientos de prefectos, así como para cesar a las autoridades previamente existentes y que pudieran estar identificadas con otras facciones políticas. Así, entre diciembre de 1881 y junio de 1882 se nombraron nuevos prefectos para los departamentos del Cuzco, Puno, Áncash, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín [57, 88, 98, 145, 171 y 172], Ayacucho, La Libertad (Yábar, 2009, III, pp. 28 y 272) y Loreto (2009, II, p. 203). Además, se hicieron varios nombramientos de subprefectos, como los de Yauyos, Huarochirí, Santa y Huaylas [147, 186, 192 y 220]. En efecto, contar con la adhesión de los prefectos era fundamental para el gobierno provisorio. Ya desde los tiempos de la anarquía posterior a la Independencia, las figuras de los prefectos habían sido clave en la vida política, y en los constantes conflictos entre caudillos. Sobre la importancia de la autoridad del prefecto es muy reveladora una comunicación que a inicios de la década de 1840 le dirigió Pedro Cisneros, prefecto de Tacna, a Domingo Nieto, en el contexto de las luchas que 63
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