El Estado en la sombra

Torre del cargo de jefe Superior Político y Militar de los departamentos del Sur, por las graves causales que V. S. expresa y que ponían en peligro el orden constitucional en esa importante sección del territorio [80]. Las razones reales de la destitución de De la Torre no quedaron del todo claras. El ministro de Gobierno, Manuel Velarde, en su memoria de gestión, calificó el hecho como «un accidente político» (1883, p. 7)86. A Carrillo no le resultó fácil afirmar su autoridad, ya que tuvo que enfrentar a fuerzas militares leales al jefe destituido. Este había logrado muchas adhesiones entre los militares que estaban bajo sus órdenes luego de que desconociera el gobierno de Piérola, a partir del ofrecimiento de «ascensos indiscriminados»87. Por su parte, Montero —presumiblemente en coordinación con Carrillo— decidió reforzar el frente militar en el Sur y organizar dos ejércitos: uno al mando de Manuel Velarde, con tropas de Arequipa, Puno y Moquegua, y otro al mando de Belisario Suárez, con tropas del Cuzco y Apurímac [110]. Una de las misiones que específicamente se le encomendó a Carrillo como jefe político-militar del Sur fue la de vigilar la adecuada cobranza de los derechos de aduana de las mercancías que ingresaban por su jurisdicción, y la recepción de los bonos de aduana. Esos ingresos serían destinados al mantenimiento y dotación de las tropas del Sur y del Centro, y a sufragar los gastos administrativos de su jefatura [48]. 2.4.3. El impacto de la guerra en provincias. La Delegación y las prefecturas En marzo de 1881, desde la Magdalena, el gobierno provisorio envió una circular a los prefectos en la cual solicitaba su reconocimiento88. Al no recibir respuestas positivas de varios de ellos, decidió nombrar nuevos prefectos, aunque estos no tuvieron éxito en afirmar su autoridad. Debemos hacer notar que las graves dificultades que en un principio tuvo el gobierno de García Calderón para ser reconocido en el interior del país estuvieron relacionadas con la percepción —bastante generalizada— de que se trataba de un gobierno que colaboraba con las autoridades chilenas. Manrique lo plantea del siguiente modo: Este [el gobierno de García Calderón] era visto como el hijo dilecto del alto mando chileno, estableciendo sus detractores interesantes analogías históricas entre su origen y el de otros gobiernos colaboracionistas. Para el Eco de Junín, la Magdalena era el equivalente del Versalles de 1870 y la vinculación entre el civilismo y el ejército ocupante era la misma que existió entre la burguesía 62

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