El Estado en la sombra

Desde su jefatura, Cáceres debía encargarse de los nombramientos de cargos en su jurisdicción. Al establecerse en Ayacucho resolvió que, para un mejor manejo administrativo, crearía tres secretarías: de Guerra, de Hacienda y de Gobierno (1973, p. 173). Sin embargo, las dificultades de las comunicaciones con Lima generaron algunas faltas de coordinación, que llevaron a la Delegación a efectuar nombramientos de autoridades dentro de la jurisdicción presidida por Cáceres. Ocurrió así cuando la Delegación, con la autorización del ministro de Gobierno, realizó el nombramiento del subprefecto de la provincia de Yauyos. En efecto, el 24 de junio se envió a Cáceres un documento aclaratorio indicando las razones por las cuales se había procedido a dicho nombramiento, señalándosele que la intención no era la de interferir en sus decisiones, sino la de «coadyuvar a la más ordenada y expedita marcha de la administración pública» [261]. El 22 de julio de 1882 Cáceres envió una larga carta a los delegados en la que informaba en detalle de las actividades que estaba realizando en la sierra central con el fin de enfrentar con éxito a las tropas chilenas. Daba cuenta de que, tras los triunfos de Pucará, Marcavalle y Concepción, las tropas chilenas habían sido desalojadas del departamento de Junín. Además, elogiaba de modo entusiasta el apoyo que recibía de la población de la sierra central, y específicamente aludía al «levantamiento en masa y espontáneo de todos los indígenas del departamento de Junín y Huancavelica, prestando con su concurso valiosísimos servicios» (Castro, 2009, pp. 230-232). Cáceres preparó una memoria de su labor como jefe político-militar del Centro, en la que dio cuenta de su gestión en todos sus aspectos: desde la campaña contra los chilenos hasta la crisis educativa producto de la guerra. Así, vemos que en el ámbito hacendario tuvo que tomar «medidas económicas de urgencia», dada la falta de fondos para sostener a la tropa y para solventar los gastos de la campaña; por ello tuvo que tomar el dinero de las rentas de los gobiernos locales, de las sociedades de beneficencia y de otras instituciones; solicitó en los diversos pueblos «donativos patrióticos», y subrayó que «siempre acogieron mi demanda con abnegación y desprendimiento»; incluso intentó tomar posesión de terrenos de propiedad del Estado que estaban «poco menos que usurpados» por particulares, en las provincias de Lucanas y Parinacochas. Sin embargo, las necesidades económicas de su jefatura siguieron siendo apremiantes (2010, pp. 111-112)82. 58

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