El Estado en la sombra

entre ambos países [81 y 82]. A pesar de estas acciones, la falta de fondos seguía siendo el principal problema de la jefatura político-militar del Centro. En una oportunidad, en abril de 1882, Cáceres efectuó pagos con una serie de letras de cambio que debían ser cubiertas en Lima. Las letras fueron protestadas, ya que habían sido giradas por personas que no contaban con autorización para ello; además, no se contaba con los fondos necesarios. Por eso, los delegados le comunicaron a Cáceres que en cuanto dispusieran de fondos para el ejército del Centro se apresurarían a enviárselos, y le pedían que se abstuviera de girar letras sin que se le hubiera transmitido la seguridad de que pudieran ser cubiertas en Lima [155]. Subrayaron que «la escasez y la penuria que por todas partes se advierte» les impedían en ese momento enviarle recursos [156]. Desde junio, Cáceres solicitó con insistencia la provisión de armas y de fondos para su ejército, al igual que el envío de tropas hacia la sierra central. Estos pedidos fueron transmitidos por la Delegación a diversas autoridades, como el ministro de Guerra [230, 231 y 246], el prefecto de Lima [248] y el jefe político-militar del Sur [255]. Los delegados sentían gran inquietud por no poder enviar a Cáceres los recursos que necesitaba, y así se lo hicieron saber en comunicación del 24 de junio: Muy sensible es para este despacho la difícil situación que atraviesa el Ejército del Centro [...]; y mucho más aún no poder atender inmediatamente a las exigencias de que V. S. se encarga. Los esfuerzos hechos por esta Delegación para arbitrarse fondos, no han correspondido hasta ahora al interés que toma en asunto de tan vital importancia [...]; pudiendo usted estar seguro de que, una vez que logre su objeto, cuidará de auxiliar de preferencia al Ejército que obedece a V. S. [264]. Sobre la colaboración entre la Delegación y Cáceres es muy ilustrativa la carta que el coronel Mariano Muñoz publicó varios años después, en la cual brindaba su testimonio con respecto a los apoyos que desde Lima se enviaban al jefe político-militar del Centro: Durante la guerra con Chile fui Jefe del Parque General del Ejército, bajo las órdenes del distinguido militar, hoy General Jefe del Estado, de quien recibí la más alta confianza. En este puesto, raro era el mes que no llevara de esta capital, armas, municiones y vestuario para el Ejército del Centro, a más de otros asuntos de mayor importancia que traía para personas principales de esta capital, con quienes me entendía, entre ellos el señor don Manuel Candamo, una de las figuras más altas del país, y otras muchas bastante visibles y de elevada posición81. 57

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