A finales de febrero de 1882, mes en que el gobierno decidió trasladar su sede a Huaraz, se designó a Miguel Iglesias como nuevo jefe políticomilitar en el Norte [54]. El gobierno provisorio dejó a mil trescientos soldados armados al mando de Iglesias (Velarde, 1883, p. 11). A pesar de ello, varios vecinos decidieron no reconocer la autoridad de Iglesias y pretendieron, sin éxito, designar al coronel José Mercedes Puga como «director constitucional y jefe superior político y militar del Norte» (Dammert, 1983, p. 36). El nombramiento de Iglesias sorprendió en todos los sectores políticos, ya que incluso había corrido el rumor de que el caudillo cajamarquino había destituido a Montero (Palma, 1984, pp. 141 y 144). Iglesias había combatido junto con Piérola durante la campaña de Lima; luego de la ocupación chilena de la capital estuvo detenido por las tropas de ocupación. Los chilenos permitieron su retiro a Cajamarca a cambio de su compromiso de no intervenir más en la guerra. Al igual que Cáceres, Iglesias manifestó haber reconocido al gobierno provisorio, y aceptado la jefatura político-militar del Norte, por defender a la patria. Los objetivos de Iglesias eran dos: velar para que se consiguiera un acuerdo de paz con Chile, y colaborar para que el país se mantuviera unido. En el manifiesto que publicó el 1 de abril de 1882 señaló lo siguiente: La unificación de la República era una necesidad inaplazable, perentoria. Se creyó que mi concurso, en condición determinada, podía contribuir a robustecerla y mi patriotismo me dictó apoyar al gobierno que acaba de inaugurarse con el beneplácito unánime de la nación (Yábar, 2009, III, p. 143). No hubo comunicación entre la Delegación y la jefatura a cargo de Iglesias, ya que en los libros copiadores no encontramos referencias a su gestión, salvo la noticia de su nombramiento. Hemos verificado, sin embargo, que Iglesias se comunicaba directamente con el gobierno central, establecido en Huaraz. En efecto, se conservan una serie de cartas dirigidas por el propio Lizardo Montero, desde Huaraz, a Iglesias83. También se conservan cartas dirigidas a Iglesias por Jesús Elías, quien por entonces era ministro de Gobierno84. Según Yábar, Iglesias «fue cauto» al no manifestar sus diferencias con el gobierno provisorio; sin embargo, el mismo autor considera que ya se estaba gestando la «ideología del gobierno regenerador» que aquel encabezaría meses después (2009, III, p. 144). Sin embargo, es probable que para Montero la relación más delicada, en 59
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