que quiere exhibirse ante ella, en una actitud desde luego insostenible, pero que paraliza los esfuerzos del Supremo Gobierno para la pronta terminación de la guerra, con la apariencia de una anarquía que en realidad no existe, pero que da al invasor el pretexto para continuar en su sistema de depredaciones y de destrucción [2]. Al parecer, Cáceres pensó en la posibilidad de presidir una junta de gobierno, a partir del respaldo de sus subordinados y de sectores importantes de los departamentos del centro del Perú. Sin embargo, la idea no prosperó, y Cáceres reconoció el gobierno de Montero en enero de 188280. Tal como él escribió, no dudó en anteponer los intereses nacionales a cualquier ambición personal: En la actualidad no hay sacrificio que no pueda arrostrarse en aras de la patria, ni intereses que no puedan posponerse a los sentimientos de abnegación y desprendimiento, cuyos consejos, que siempre me he cuidado consultar en mi carrera pública, no me han permitido deferir [sic] a la investidura de jefe supremo que el Ejército me confirió y que los departamentos del centro ratificaron con sus entusiastas adhesiones, tributando, sin duda, inmerecido honor a los nobles propósitos que han guiado mis actos en el puesto que desempeño, no solo porque debía alejar de mí toda sospecha de ambición bastarda, sino también porque era necesario dejar al país campo abierto para el pleno ejercicio de su soberanía (2010, anexo 12, pp. 141-142). Así, pues, hacia fines de enero de 1882 las tres jefaturas políticomilitares en las que se dividía el territorio peruano se habían alineado con el gobierno provisorio. Sin embargo, la situación distaba de ser estable. Faltaba nombrar al jefe político-militar del Norte, al haber asumido Montero la vicepresidencia. Además, el jefe político-militar del sur, De la Torre, era enemigo personal de Montero (Yábar, 2009, III, p. 9). Y la adhesión de Cáceres, en el centro del país, había sido más fruto de un sacrificio que de una decisión entusiasta. En ese contexto, la Delegación del gobierno en Lima empezó a actuar y a comunicarse con las jefaturas político-militares del Centro y del Sur. Desde fines de febrero la comunicación con Cáceres fue muy fluida: se le enviaron tres mil soles plata para cubrir los gastos más urgentes, y se le solicitó información detallada de la situación de las fuerzas que comandaba, con el fin de transmitir al gobierno provisorio sus necesidades [56]; además, se decidió destinarle la tercera parte de los derechos de aduanas correspondientes a los productos que salían del Perú con destino a Bolivia, de acuerdo con lo establecido por el tratado de aduanas suscrito 56
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx