sido entregada por su portador a Nicolás de Piérola. Reclamaban que se investigara el hecho, y solicitaban duplicados de los documentos [38]. En otra comunicación del mismo mes insistían en que, cuando los documentos que se enviaban fueran especialmente importantes, se remitieran por medio de un «comisionado especial, que prestase garantías de seguridad, pues de otra manera estarían expuestos a caer en manos extrañas» [53]. En otras ocasiones se presentaban dificultades con respecto a las rutas que seguía la correspondencia. Por ejemplo, a mediados de marzo de 1882 los delegados manifestaban su preocupación por la llegada al Callao de dos vapores procedentes del norte, sin correspondencia despachada por el gobierno provisorio. Sabían que un paquete dirigido a ellos estaba «detenido» en Trujillo, «a consecuencia de la incomunicación de los vapores con el puerto de Salaverry». Por ello, solicitaban al ministro de Gobierno que se les enviara un duplicado de la correspondencia que incluyera el referido paquete, por la vía de Casma [71]. Esa incomunicación de los barcos con los puertos del norte era debida a la epidemia de fiebre amarilla que azotaba por entonces a esa región. Debido a ello, los delegados le insistían al ministro de Gobierno poner los medios para la utilización de otras rutas en el envío de la correspondencia, y así evitar la incomunicación entre ellos y el gobierno, que por entonces estaba recién instalado en Huaraz [79]. Como agentes confidenciales, Candamo y Elías fueron especialmente cuidadosos en la transmisión de la información. Así, cuando se trataba de remitir al gobierno provisorio documentos importantes, optaban por hacerlo por medio de copias, guardando en su archivo los originales «para evitar su pérdida, caso de que fuera interceptada nuestra correspondencia» [337 y 339]. En cuanto a la correspondencia con los ministros peruanos en el exterior, fueron diligentes en buscar que se mantuviera muy fluida. Así, por ejemplo, manifestaban su preocupación cuando alguno de los ministros se retrasaba en el envío de sus comunicaciones. Fue el caso de Juan Federico Elmore56, ministro en Washington, a quien urgieron a remitir información más frecuentemente: «El silencio de V. S., a este respecto, es tanto más de extrañarse, cuanto que conocemos el gran interés que anima a V. S. por contribuir al feliz y deseado desenlace de tan grave conflicto» [316]. En varias ocasiones Candamo y Elías acompañaron la información sobre noticias o sucesos determinados, con la inclusión de recortes tomados de periódicos con referencia a esos asuntos. Así, por ejemplo, lo hicieron 45
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