legitimidad del gobierno provisorio45. Para ellos la propuesta de Piérola no solo provocaría el aniquilamiento del país, sino que además lo desprestigiaría, por lo mal que se percibiría «cambiar de gobiernos cada día, cambiar de instituciones con cada gobierno, vivir en inestabilidad perpetua […]»46. La Delegación del gobierno de Montero en Lima, atenta a cualquier movimiento, advirtió de las intenciones de este nuevo grupo político, e inclusive afirmó que era un «proyecto que ha acogido favorablemente la prensa chilena en esta ciudad» [54]. Manuel Candamo, de manera personal, decidió tomar contacto con uno de los miembros del Comité Directivo del recién fundado Partido Nacional: José Antonio de Lavalle47. En las cartas que ambos intercambiaron se evidenciaba la intención de llegar a un «concierto» entre ambos grupos48. Las conversaciones fracasaron a raíz de que el comité del Partido Nacional considerara ofensiva una circular del Partido Constitucional, lo que motivó a «un rechazo a priori de toda base de concierto». Ante ello, Candamo insistió en que las reuniones entre ellos todavía tenían carácter no oficial, y que los miembros del Partido Constitucional que habían publicado la circular no tenían conocimiento de ellas. Sin embargo, Lavalle subrayaba que esa circular reflejaba el convencimiento de que el gobierno de Montero no necesitaba de un concierto de partidos, al considerarse reconocido por todo el país y por la opinión pública (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008, pp. 683-688). De este modo, Lavalle sugirió a los pierolistas que dejaran de participar en la vida política, toda vez que no era pertinente enfrentarse al gobierno de Montero —dada la gravedad de la situación que se vivía—, ni tampoco integrarse a él. Así, pues, el recién creado Partido Nacional decidió, en marzo de 1882, abstenerse de toda acción política49, atribuyendo al Partido Constitucional la responsabilidad de la falta de unidad de los políticos peruanos, y dejando a este el desafío de superar la crisis nacional. Este no fue sino un episodio más entre los muchos que se produjeron en el contexto de las divisiones entre peruanos durante la guerra. Además, resultaba difícil pensar en la organización de una sola agrupación que aglutinara a los más importantes políticos peruanos. Para entonces, el objetivo era compartido por todos: lograr el final de la guerra sin costo territorial para el Perú. Sin embargo, los medios planteados eran distintos, y notables las distancias y la desconfianza entre los individuos. En definitiva, y tal como afirma Yábar, la abstención del Partido Nacional 37
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