satisfechos, ni hallar nada bueno en el Gobierno, sino cuando su jefe se hallara en el poder; y de esto han resultado las guerras civiles que durante un cuarto de siglo han ensangrentado el Perú (1949, p. 158). Piérola, por su parte, advirtió el mismo problema, y en febrero de 188242 instó a sus allegados a formar una agrupación política que unificara a todos los peruanos. Advertía que «un diminuto, pero funesto círculo, ha muerto la patria con sus propias manos» —en clara alusión al gobierno provisorio de García Calderón—, y que era necesario llamar a la «acción de los ciudadanos» para rescatar al país. Consideraba que esa agrupación no podía ser presidida por él mismo, ya que justamente debía evitarse el caudillismo. Y añadía que las esperanzas de paz debían contar con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, a pesar de que lamentaba que este hubiera respaldado previamente a García Calderón (Ulloa, 1981, pp. 295-296). Fue así que se constituyó el llamado Partido Nacional, fundado por elementos cercanos a Piérola, que plantearon a los otros sectores políticos una fórmula de concordancia para afrontar las negociaciones de paz y para ordenar la vida del país. Sin embargo, los políticos cercanos al gobierno provisorio respondieron con una férrea defensa de la labor política de García Calderón; y otro sector se pronunció por convocar nuevamente al general La Puerta para que asumiera la presidencia (Basadre, 1983, VI, p. 277)43. Los pierolistas consideraban que tanto el gobierno provisorio como el ministro norteamericano Hurlbut habían provocado una situación caótica en el país, de vacío político y de desgobierno. Por eso, y a pesar de no haber conseguido la adhesión de otros sectores, insistieron en la creación del Partido Nacional: se estableció un comité directivo44, que se encargaría de la formación y puesta en marcha del partido, «promoviendo la formación de comités semejantes en los departamentos y provincias, formados de ciudadanos a quienes animen iguales sentimientos» (Palma, 1984, p. 140). Ricardo Palma, integrante de ese comité directivo, consideraba que su legitimidad radicaba en el hecho de que se había «organizado privadamente, en las sombras, sin el apoyo de la autoridad chilena» (1984, p. 138), lo cual suponía una crítica implícita a quienes apoyaron el gobierno provisorio de García Calderón. Para el grupo civilista que apoyaba al gobierno provisorio, y que era conocido como «partido constitucional», la iniciativa de Piérola fue vista como un obstáculo frente a los esfuerzos que se venían realizando por la unificación del país. Ese grupo publicó una circular en defensa de la 36
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx