El Estado en la sombra

Chile, que hoy se ha hecho muy difícil, aun cuando llegue a ser necesario, lo que antes, tal vez, habría sido realizable. A esto me observó el señor Partridge que realmente nos habíamos formado muchas esperanzas en la intervención americana, muy naturales en la situación angustiosa en que nos hallamos y hasta cierto punto fomentadas por el General Hurlbut; pero que en Washington no se había hecho nada que las autorizase, siendo muy de sentir que ellas hubiesen producido la delicada situación a que yo acababa de referirme. Hablamos algo sobre este tema cuando tuve que retirarme por la llegada de otra persona, habiéndose además prolongado mi visita. En la segunda que le hice ayer, principié por decirle que debiendo salir hoy el correo para Huaraz, iba a verle con el objeto de suplicarle me diese algunas informaciones sobre el objeto de su misión, a fin de transmitirlas a mi gobierno, y habiéndome manifestado muy buena voluntad para ello, tuvimos una larga conversación, en la que el señor Partridge me hizo sobre ciertos puntos las declaraciones oficiales y sobre otros emitió opiniones particulares de que paso a dar cuenta a V. S. Como era natural, la primera cuestión que toqué fue la relativa a la especie de credenciales que traía el nuevo Ministro, y el medio que pensaba emplear para presentarlas. A este respecto me dijo que sus credenciales estaban dirigidas al Jefe del Poder Ejecutivo del Perú, sin determinar personalidad alguna; declaración que, según puede suponer V. S., me causó desconsoladora sorpresa y confirmó los temores que yo abrigaba, de que nada satisfactorio para nuestra causa traía al Perú el nuevo representante de los Estados Unidos. Me declaró también que no mandaría sus credenciales a Huaraz, que él debía entregarlas en persona a Su Excelencia el Presidente; pero que por ahora no podía emprender viaje hasta esa ciudad, y que para nosotros mismos no era conveniente que lo emprendiera, porque realizándolo se daría motivo o pretexto a nuestros enemigos para hostilizarnos. La misión que trae es de carácter ordinario y corriente, sin instrucciones especiales para proceder en determinado sentido en la cuestión del Pacífico, y sin relación alguna con la de Mr. Trescot, la cual él considera, y así me lo declaró de un modo terminante, completamente concluida346. Según lo que me expuso, el objeto de la misión de ese enviado especial fue ofrecer los buenos oficios del gobierno de los Estados Unidos para procurar el restablecimiento de la paz entre las Repúblicas beligerantes; pero las condiciones en que Chile había persistido habían sido de tal 363

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