promovió la publicación de documentos desde el momento del final del conflicto. El caso más notorio es el de la edición documental, en ocho volúmenes, realizada por Pascual Ahumada Moreno a partir del mismo año de 1884 (1884-1891), y que hasta hoy constituye fuente imprescindible para el estudio de la guerra. Sin duda —como lo ha anotado Basadre— el hecho de que el Perú fuera el país derrotado ha influido en que nuestra historiografía no emprendiera proyectos de publicación sistemática de documentos (1971, II, p. 491). Sin embargo, algunos esfuerzos se hicieron. En cuanto a documentación oficial, debemos citar la compilación dirigida por Emilio Dancuart y J. M. Rodríguez, y que empezó a publicarse en 1903. En esos Anales de la Hacienda Pública del Perú dedicaron cuatro volúmenes a la documentación fiscal del tiempo de la guerra (1903-1926, XIII-XVI). A lo largo de las décadas posteriores se fue publicando diversa documentación del tiempo de la guerra. Sin ánimo de ser exhaustivos, debemos destacar la labor de Vargas Ugarte, quien publicó las cartas de Palma a Piérola (Palma, 1964), la memoria del general Juan Buendía y otros documentos referidos a la campaña del sur (Vargas Ugarte, 1967) y los documentos sobre las campañas de Tacna y de Lima (1970). Por otro lado, en cuanto a testimonios sobre la guerra, debemos destacar la aparición, en 1921, de las memorias de Cáceres y la publicación de las Memorias del cautiverio, de Francisco García Calderón (1949). La conmemoración del centenario del inicio de la guerra, en 1979, fue motivo para la aparición de otros testimonios de la época, como el de Mi misión en Chile en 1879 de José Antonio de Lavalle (1979), cuya edición, prólogo y notas estuvieron a cargo de Félix Denegri Luna. Aparecieron igualmente diversas publicaciones en homenaje a los héroes de la guerra —en particular a Grau— que incluyeron también documentos de la época21. A partir de la conmemoración del centenario, han sido más frecuentes las publicaciones de documentos, como los partes oficiales de guerra (Ravines, 1992) o los testimonios de británicos con respecto a la ocupación chilena de Lima (Wu, 1986). En años recientes se han publicado más documentos, como el epistolario de Manuel Candamo — cuyas cartas corresponden en su mayoría al tiempo de la guerra— (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008) o las sucesivas publicaciones en torno a la figura de Cáceres y la campaña de la Breña, que ofrecen importante documentación (Pereyra, 2006; Yábar, 2009; Cáceres, 2010)22. Al estudiar las ediciones de documentos del tiempo de la guerra, vemos 23
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