Confidencial. Durante su destierro en Chile, Candamo y Elías pudieron reflexionar sobre las tareas realizadas y sobre las causas de la derrota peruana en la guerra. En esas circunstancias llegaron a poner por escrito opiniones que dejan ver el pesimismo que los embargaba. Por ejemplo, Elías reflejó en su diario, en la entrada correspondiente al 5 de junio de 1883 —cuando ya llevaba diez meses expatriado— ese pesimismo en dramáticos términos: Delegado ad honorem en Lima con todos los riesgos y responsabilidades del puesto y después prisionero gastando uno de su bolsillo para mantenerse. ¡Qué ganga! ¡Y después los patriotas de Lima y de Arequipa son capaces de llamarnos tontos! Bien lo merecemos, los que honrada y patrióticamente nos hemos sacrificado, no deseando más, sino que el Perú salvase lo mejor posible de esta catástrofe a que lo empujaron los errores de sus gobernantes y las propias faltas de sus hijos. Hoy nadie se acuerda para nada de los prisioneros de Chillán ni el gobierno piensa en que sus delegados quizás no tengan, en un momento dado, cómo atender a sus gastos dignamente y se vean precisados a pedir a Chile que les dé para vivir. Miserable, triste condición, pero así son las cosas del mundo y de nada tiene uno que admirarse, cuando contempla lo que pasa y ha pasado en el Perú. Misteriosos secretos de la Providencia que abate y humilla a los pueblos (1883, s.p.). * * * El Estado en la sombra es un título que busca expresar las gravísimas dificultades que el Estado peruano tuvo que afrontar durante la ocupación chilena, en el contexto de la Guerra del Pacífico, para mantener, aunque fuera de modo precario, una estructura administrativa con cierta autoridad. Esas dificultades no estaban solo referidas a las circunstancias propias de la ocupación chilena sino también al «faccionalismo bizantino» (Basadre, 1980, p. 9) en el que cayó la clase política peruana, que no fue capaz de presentar un frente común ante la ocupación de las fuerzas sureñas. Esto tiene su explicación en el desarrollo político posterior a la Independencia, durante el cual los conflictos internos y los intereses de las diversas facciones impidieron estructurar adecuadamente el Estado. Si bien la labor de Ramón Castilla —al consolidar la «república militarizada»—19 permitió establecer las bases de una auténtica estructura estatal, muchas circunstancias siguieron conspirando para que no se pudiera edificar sólidamente sobre aquellas, a pesar de que la economía peruana pudo salir de su estancamiento desde la década de 1840, con el inicio de la exportación del guano de las islas, que encontró una extraordinaria 16
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