Según el coronel Manuel Velarde11 —quien desempeñó altos cargos en el gobierno provisorio— los delegados Candamo y Elías «cumplieron, bajo todos los aspectos, su deber» (1883, p. 9). Para Aurelio Miró Quesada Sosa, con la Delegación se mantuvo la organización política y administrativa del país (1995, p. 150)12. Por su parte, Rodolfo Castro considera que los esfuerzos del gobierno provisorio por mantener delegados en Lima constituyen una prueba de que el Estado peruano «se esforzaba por conservarse como estructura» (2009, p. 7). El final de la misión de Candamo y Elías como delegados del gobierno provisorio y agentes confidenciales en Lima está vinculado a los combates de Marcavalle y Concepción. Cuando el 14 de julio de 1882 llegó a Lima la noticia de esos hechos de armas con resultados favorables para las tropas comandadas por Andrés A. Cáceres13, las autoridades chilenas consideraron una serie de represalias, entre las cuales estaba el apresamiento de personas importantes de la capital, ya que estaban convencidas de que los mencionados hechos bélicos habían sido concertados con «gentes de Lima». En mensaje telegrafiado por Jovino Novoa14 al presidente Domingo Santa María15, se señalaba que entre los presos deberían figurar necesariamente Candamo y Elías, porque eran «los agentes de Huaraz que dirigen la política en Lima». El presidente chileno le respondió el 28 de julio: «Es menester ahora tomar revancha de una manera digna de nosotros, no con inútiles matanzas de indios, sino yendo más arriba, a los instigadores» (Bulnes, 1919, III, p. 315). En efecto, Candamo y Elías fueron detenidos el 1 de agosto de 1882, a las 11 de la mañana (Castro, 2009, p. 351), y posteriormente desterrados a Chile. Durante su desempeño como delegados, habían previsto dicha posibilidad. Es así que, en comunicación del 12 de enero de 1882, dirigida al presidente de la Junta Consultiva —que había sido creada por el gobierno provisorio para asesorar a la Delegación— le manifestaron que, si se fuera a presentar el caso de que estuvieran impedidos de ejercer sus tareas, transmitirían sus poderes a dicha Junta [23]. Así, cuando Candamo y Elías fueron desterrados, la Delegación pasó a estar bajo la responsabilidad del presidente de la Junta, Alejandro Arenas16. Sin embargo, Arenas tuvo que salir de Lima, al tener noticias de que también era buscado por las autoridades chilenas. En esa situación, delegó dichos poderes en el obispo Pedro José Tordoya17, y así lo informó en carta dirigida a Lizardo Montero, desde Tarma, en agosto de 188218. Ignoramos si Tordoya llegó a asumir también las responsabilidades de la Agencia 15
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