El Estado en la sombra

sobre Lima y su ocupación, ya que Argentina estaba actuando sobre las cancillerías de otros países para «detener el curso de la guerra». Luego de la ocupación de Lima, Brasil rechazó la posibilidad —previamente tratada — de una mediación conjunta con Argentina para el logro de un acuerdo de paz entre el Perú y Chile. La diplomacia argentina había planteado esa posibilidad al gobierno brasileño en noviembre de 1880, cuando ya se vislumbraban las intenciones chilenas de anexar los territorios que había ocupado luego de sus triunfos militares en el sur del Perú. A pesar de la negativa brasileña, el gobierno argentino insistió en la mediación conjunta al enterarse de que en el Perú se había formado una resistencia, y que por tanto el final de la guerra no se veía inmediato. La cancillería brasileña rechazó nuevamente el planteamiento con el argumento de que Bolivia había pedido específicamente su mediación, y que otras potencias iban a interponer sus buenos oficios para el logro de la paz. Paralelamente, la diplomacia chilena actuaba eficazmente para que el gobierno argentino no interviniera en estas materias (Sanz, 1985, pp. 182-187). La diplomacia mexicana se mostró también dispuesta —aunque infructuosamente— a mediar para el logro de la paz. Especial interés mostró Santiago Sierra, quien fue entre 1879 y 1880 encargado de negocios interino de México en América del Sur, con jurisdicción en Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia y Venezuela. Sierra residió en Santiago, y lamentó no disponer de los recursos económicos como para hacer los viajes que la mediación hubiera requerido. Por otro lado, en abril de 1880 el ministro mexicano en Bruselas, Ángel Núñez Ortega, pidió a su gobierno intervenir como mediador, e incluso propuso la conformación de una delegación de personalidades mexicanas que pudieran viajar a los países en conflicto para ejercer la mediación. Sin embargo, el interés de los Estados Unidos por intervenir, al igual que la falta de recursos, llevaron al gobierno mexicano a abstenerse de cualquier acción en ese sentido (Wu, 1995, pp. 16-18). Quienes sí desarrollaron acciones de mediación fueron los ministros de Francia y de Gran Bretaña en Lima: se reunieron con García Calderón a fines de agosto de 1881 para ofrecerle sus buenos oficios y manifestarle que creían que por medio de Patricio Lynch podrían lograr una fórmula adecuada para obtener la paz, sin necesidad de cesiones territoriales. Luego visitaron a Lynch para asegurarle que el gobierno provisorio estaba en disposición de pagar una elevada indemnización a Chile, y para ofrecerse como mediadores para el logro de la paz. Si bien Lynch 131

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