heroísmo del pueblo peruano, que seguía luchando contra las fuerzas chilenas a pesar de la ocupación de Lima, y manifestó que las acciones chilenas habían violado «el gran principio de la fraternidad americana» (García Calderón, 1949, p. 61). El Congreso de Venezuela expidió un pronunciamiento en el mismo sentido, con duros calificativos con respecto a Chile: […] ejercitando actos reiterados de crueldad y de barbarie con pueblos hermanos, se ostenta ante el mundo civilizado como aparición siniestra de los siglos más retrógrados de la historia. Su efímero triunfo, conculcando el derecho de gentes, amenaza de muerte el sentimiento de la confraternidad americana […] (López Martínez, 1989, pp. 64-65). El apoyo venezolano a la causa del Perú fue recibido con gran beneplácito en nuestro país. Incluso se llegó a hablar de una eventual expedición militar de apoyo, compuesta por veinte mil hombres, que el presidente Guzmán Blanco habría estado dispuesto a enviar a través de territorio colombiano. Esa versión fue transmitida por el agente Carlos Elías al ministro peruano de Relaciones Exteriores, Mariano Álvarez, en una visita que le hizo en Huaraz, en mayo de 1882. Álvarez escribió a la Agencia Confidencial para solicitar que se verificara esa versión, que había generado muchos rumores en Lima185. Los agentes se comprometieron a contrastar la información [402], aunque no tenemos registrada ninguna carta en la que informaran de los resultados de esa indagación. En cualquier caso, todo indica que Lizardo Montero se entusiasmó con esa posibilidad, y el 20 de mayo de 1882 dirigió una carta al presidente venezolano, en la que lamentaba que ningún otro país latinoamericano hubiera protestado oficialmente ante las intenciones expansionistas de Chile. Invocaba la figura y la memoria de Bolívar al animar al presidente de Venezuela a intervenir para que no se consumaran los propósitos de Chile, por ir en contra del derecho internacional. Opinaba que debía lograrse la paz a partir del pago a Chile de una indemnización de guerra moderada, pero nunca por medio de la entrega de territorios186. La carta fue enviada desde Huaraz a los agentes confidenciales Candamo y Elías, quienes dispusieron su envío a Venezuela187. En el contexto sudamericano, Argentina demostró simpatía hacia la causa peruana188, a diferencia de lo ocurrido con Brasil. Apreciamos esto, por ejemplo, en el hecho de que en diciembre de 1880 el representante diplomático de Brasil en Chile visitara al presidente del país sureño para aconsejarle —por indicación de su gobierno— que se apresurara el ataque 130
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