que los ocurridos entre estos y los chilenos, etcétera [311, 314, 321, 326, 327, 334, 339, 344, 364, 384 y 397]. En febrero de 1882 se reunió Manuel María del Valle con José Zilveti, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia. De ello informaron los agentes confidenciales al ministro de Relaciones Exteriores peruano [337]. Del Valle consideró impracticable el establecimiento de una tregua con Chile, dada la esperanza que en el Perú aún se tenía en la intervención norteamericana179. Sin embargo, Bolivia insistió en ese planteamiento, sobre todo porque se advertía que estaba cambiando la política de los Estados Unidos con respecto a la guerra, tras la entrevista celebrada entre Trescot y Balmaceda. En junio, y ante la reiterada negativa de los diplomáticos peruanos, el gobierno boliviano optó por presentar la propuesta directamente en Huaraz, donde estaba establecido por entonces el gobierno provisorio. Las gestiones allí obtuvieron el mismo resultado negativo, sobre todo porque el Perú consideraba que una tregua constituía la aceptación implícita de una cesión territorial. Además, Montero argumentó razones de carácter formal: el Congreso de Bolivia no se había instalado aún; el gobierno chileno no reconocía al gobierno provisorio y además tenía preso a García Calderón; y la población peruana no había sido consultada (Parodi, 2001, pp. 59-64). En mayo de 1882 llegó a Lima el ministro boliviano Carrillo y presentó sus credenciales a la Agencia Confidencial [203], que las remitió, a su vez, al gobierno en Huaraz. Mariano Álvarez, ministro de Relaciones Exteriores, respondió a Carrillo por medio de una comunicación formal, de la que destacamos las siguientes líneas: Bolivia y Perú con su noble y enérgica resistencia a las pretensiones del invasor, no defienden solamente su integridad, que es su vida, sino que defienden un principio americano y adquirirán una gran responsabilidad ante la América […]. El Perú y Bolivia han contraído con estos Estados el solemne compromiso de no consentir en la conquista de sus territorios, de no consentir en crear con este precedente el origen de la perturbación de la paz pública en América, de no oscurecer así el porvenir del continente180. Álvarez ponía de relieve la importancia de que se continuara con la alianza entre el Perú y Bolivia, para enfrentar con más fuerza las intenciones de conquista que Chile manifestaba. Negaba que Chile tuviera el derecho de pedir indemnización de guerra, «porque ella es quien ha declarado la guerra y porque la ha declarado sin necesidad justificable y sin razón, pero las circunstancias no presentan todavía un campo en que 127
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