gobierno de Piérola y firmó con él acuerdos políticos y comerciales. En el curso de 1880 hubo intentos —frustrados— para establecer nuevamente una confederación entre el Perú y Bolivia; incluso se llegaron a firmar los protocolos iniciales de esta, el 11 de junio de ese año, por Pedro José Calderón173, en nombre del Perú, y Melchor Terrazas174, en el de Bolivia (Bonilla, 2010, pp. 65-66). Además, el 7 de junio de 1881 se suscribió el tratado Núñez del Prado-García y García, por el que se acordó el libre tránsito de mercancías entre ambos países (Dancuart & Rodríguez, 19031926, XV, p. 27). Posteriormente, en diciembre de 1881, Bolivia reconoció al gobierno provisorio, encabezado por Montero. Manuel María del Valle fue enviado a La Paz, a inicios de 1882, como ministro plenipotenciario del Perú. De parte de Bolivia, a partir de mayo de ese año desempeñó análogas funciones en Lima Juan Crisóstomo Carrillo175. El escenario político boliviano era complejo, y desde los tiempos iniciales de la guerra hubo grupos que plantearon la negociación de la paz con Chile por separado, con la consecuente ruptura de la alianza con el Perú. Además, se sabe que desde abril de 1879 se suscitaron ofrecimientos al presidente boliviano Daza, de parte de algunas personalidades chilenas, en el sentido de entregar a Bolivia Tacna y Arica a cambio de la incorporación definitiva a Chile del litoral boliviano. Tal como lo ha explicado Bonilla, el año de 1880 fue políticamente muy inestable en Bolivia. Hubo diversos motines y rebeliones, y finalmente se conformaron dos facciones con posiciones opuestas con respecto a la visión de la guerra que terminaron convirtiéndose en partidos: los «guerristas» — posteriormente llamados liberales—, que apoyaban al presidente Campero y planteaban la continuación de la guerra contra Chile y el mantenimiento de la alianza con el Perú; y los «constitucionales» —luego llamados conservadores—, que eran defensores del federalismo y de la negociación de la paz con Chile de modo separado para romper el vínculo con el Perú (Bonilla, 2010, pp. 65-66). A la vez, a lo largo de 1881 siguió la presión chilena para terminar la alianza a cambio de ciertas concesiones en favor de Bolivia, como la ya mencionada entrega de los territorios de Tacna y Arica. Romper la alianza fue un objetivo de la diplomacia chilena, al que contribuyeron importantes personajes del país altiplánico, como fue el caso de Mariano Baptista176. En diciembre de 1881 este recibió en Tacna —con la anuencia del presidente Campero— un «Memorando de bases para un arreglo de paz 125
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