El Estado en la sombra

El fracaso de la mediación norteamericana fue también atribuido a la falta de experiencia de sus diplomáticos172, y al hecho de que estos mezclaran sus intereses personales con las misiones oficiales. Incluso el ministro británico en Lima, Spencer St. John, llegó a afirmar que los agentes diplomáticos norteamericanos que él había conocido llegaron a ser «comprados» —directa o indirectamente— por los gobiernos ante los cuales estuvieron acreditados (Bonilla, 1980, p. 167). Por su parte, el ministro español en Lima, Emilio de Ojeda, puso de relieve los errores y las vacilaciones de la política exterior norteamericana en lo referido a la Guerra del Pacífico, lo que, a su juicio, había dañado su prestigio; y en cuanto a los diplomáticos norteamericanos, se refirió a su «inepcia y honorabilidad muy cuestionable» (Quiroz, 2013, p. 237). Para las autoridades chilenas la mediación norteamericana no debió ser nunca cómoda, incluso luego del cambio de orientación de aquella a raíz de la salida de Blaine de la secretaría de Estado. Podemos suponer que la prolongación de la guerra hizo temer a los chilenos que pudiera reactivarse el protagonismo de los diplomáticos norteamericanos. Por ejemplo, luego de la victoria chilena en Huamachuco, al comprobarse que Cáceres buscaba rehacer sus fuerzas para seguir enfrentando al enemigo, el presidente Santa María escribió a Lynch para manifestarle su preocupación por que la guerra no alcanzara su fin, y transmitirle su ansiedad por la posibilidad de que los norteamericanos «volvieran a los postres» y pretendieran influir para el logro de una paz en condiciones distintas a las que Chile quería imponer (Mc Evoy, 2011a, p. 403). En definitiva, la desilusión peruana por el fracaso de la mediación norteamericana fue grande, y grande fue también el daño que sufrió la imagen de la diplomacia de los Estados Unidos. Lo expresó de este modo W. R. Graham, quien a mediados de 1882 era Encargado de Negocios de Gran Bretaña en Lima: El desengaño de los peruanos —quienes generalmente han tenido en mente la idea de que el gobierno de los EE.UU. insistirá en la necesidad de respetar la integridad de su territorio— es grande y la pérdida de prestigio de parte de Norteamérica en América del Sur será muy considerable (Castro, 2009, p. 373). 3.3. La alianza con Bolivia y sus complejidades El caso de Bolivia era especial. A pesar de todas las circunstancias a las que nos referiremos más adelante, la alianza con el Perú continuó vigente en el curso de la guerra. Luego del viaje de Prado, Bolivia reconoció al 124

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