aceptación de la cesión territorial en favor de Chile (Parodi, 2001, pp. 3132)164. El historiador chileno Francisco A. Encina refirió que fue «la manifiesta actitud intervencionista» del ministro Hurlbut la que llevó al presidente Santa María a ordenarle a Lynch la detención y el confinamiento en Chile de García Calderón, y atribuyó al apoyo norteamericano la actitud de este en el sentido de no aceptar la paz con las condiciones que Chile quería imponer. Encina consideró, además, que el respaldo de los Estados Unidos al gobierno de García Calderón se había debido a las concesiones que este les había hecho, como la del mencionado derecho de instalar una estación carbonífera en la bahía de Chimbote, que además les serviría en el contexto de la red de bases navales que los Estados Unidos estaban estableciendo con el propósito de defender lo que más adelante sería el canal de Panamá. Afirmó también el historiador chileno que a Hurlbut, con carácter personal, se le había encargado —como intermediario con otras compañías— el negocio de concluir la línea del ferrocarril que debía llegar a Chimbote (1956, III, pp. 1599-1602). En enero de 1882 llegó a Chile la denominada «misión Trescot». William Trescot fue un enviado especial del gobierno de los Estados Unidos para negociar con las potencias en conflicto las condiciones que permitirían el final de la guerra. Con este objetivo, Trescot se planteó, en primer lugar, apoyar el establecimiento en el Perú de un gobierno que fuera reconocido por todas las fuerzas políticas, para que pudiera iniciar negociaciones de paz; además, se propuso persuadir a Chile para que no exigiera la cesión territorial como condición previa para los acuerdos de paz, y que se le ofreciera al Perú, en cambio, la posibilidad de pagar una indemnización. Trescot no descartaba inducir a otras repúblicas americanas a presionar a Chile a que aceptara la posibilidad de la indemnización (Fernández Valdés, 2004, p. 79). Antes de llegar a Chile, Trescot sostuvo una reunión con los agentes confidenciales en Lima, tal como ellos lo informaron en carta del 29 de diciembre de 1881. En efecto, relataron que tuvieron una entrevista con los comisionados norteamericanos Trescot y Blaine hijo, y manifestaron sus esperanzas de que las conversaciones de esos comisionados en Chile dieran resultados favorables a los intereses peruanos [409]. Sin embargo, no fue así. Las condiciones acordadas en el protocolo Trescot-Balmaceda, firmado el 11 de febrero de 1882, reflejaron el cambio de orientación en la política norteamericana sobre el conflicto; ese cambio 120
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