ya Chile no podría decir que no tenía interlocutor, y por tanto los Estados Unidos podrían presionar para el logro de la paz. Para Hurlbut no era tolerable el estado de cosas imperante, ya que a diario recibía en su legación quejas por daños diversos producidos por los chilenos, y en especial por el cobro de cupos excesivos. Consideraba, además, muy negativo que sufriera la actividad comercial, y que muchos súbditos de potencias neutrales se perjudicaran159. El plan de Hurlbut era el de que la compensación económica que pudiera ofrecerse a Chile fuera facilitada por un grupo de especuladores norteamericanos, a cambio de lo cual estos recibirían el negocio del salitre de Tarapacá. Además, el gobierno provisorio entregaría en concesión una estación carbonífera para la armada norteamericana y transferiría a una empresa privada la explotación del ferrocarril de Chimbote. Trascendió que en esta fórmula de arreglo —acordada y firmada por García Calderón y Hurlbut—160 habrían entrado en juego intereses personales del secretario de Estado Blaine y del propio ministro Hurlbut (Castro, 2009, p. 46). Lo cierto es que ese acuerdo tuvo un grave defecto, por el cual generó rechazo en los Estados Unidos: el propio Hurlbut había sido nombrado como el «titular legal temporal» de la mencionada concesión; este hecho levantó suspicacias en cuanto a conflictos de intereses con sus obligaciones oficiales como ministro de los Estados Unidos en el Perú, y el acuerdo fue rechazado por el gobierno norteamericano. Poco tiempo después —a fines de marzo de 1882— murió Hurlbut en Lima —presumiblemente de un ataque cardíaco— mientras se preparaba para viajar a Washington, a someterse a una indagación de parte del Congreso de su país (Quiroz, 2013, p. 236). A pesar de todo ello, la muerte de Hurlbut fue lamentada en los círculos políticos peruanos, ya que había sido percibido siempre como defensor de la tesis peruana en cuanto a no ceder territorios a Chile161. Así, Candamo y Elías, como agentes confidenciales en Lima, comunicaron con pesar al gobierno provisorio la noticia de su fallecimiento [83]. Sin embargo, el fracaso de la mediación norteamericana se debió, fundamentalmente, a la salida de Blaine de la secretaría de Estado, a raíz del asesinato del presidente Garfield. Además, los enemigos políticos de Blaine en los Estados Unidos lo acusaron de tener intereses personales en el Perú (Clayton, 1998, pp. 154-155). Con el nuevo presidente, Chester A. Arthur162, y con la llegada a la secretaría de Estado de Frederick T. Frelinghuysen163, la posición norteamericana fue variando hacia la 119
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