defensa de los intereses de los tenedores de bonos de la deuda peruana; en particular, los diplomáticos norteamericanos temían que una eventual victoria de Chile pusiera los recursos económicos del Perú en manos de los ingleses (Fernández Valdés, 2004, pp. 37 y 52). Manrique considera que no solo estaban en juego los intereses económicos de los Estados Unidos —por ejemplo, como importador de fertilizantes— sino que además en la guerra se estaba resolviendo la supremacía sobre el Pacífico sur; los norteamericanos necesitaban consolidar su influencia en la región, y reducir la de las potencias europeas (1981, p. 122). La simpatía de los Estados Unidos por la causa peruana en la guerra se originó no solo en consideraciones referidas a bloques de poder político en el escenario continental, sino también en los intereses de ciudadanos norteamericanos en cuanto a mantener la integridad territorial del Perú, por las inversiones que muchos de ellos habían hecho en las provincias de Tarapacá, Tacna y Arica (Clayton, 1998, p. 142)151. Puede decirse que la intervención norteamericana fue un factor decisivo en la caída de Piérola, por el apoyo que los diplomáticos de los Estados Unidos manifestaron en favor de García Calderón. Durante los meses iniciales de la guerra gobernó los Estados Unidos el presidente Rutherford B. Hayes (1877-1881)152, cuya política fue bastante neutral, y se caracterizó por propiciar el acuerdo entre las potencias en conflicto antes de la ocupación de Lima. Los esfuerzos norteamericanos no tuvieron éxito, entre otras razones porque no hubo una adecuada coordinación en el seno de su equipo diplomático, integrado por los ministros de los Estados Unidos en Lima, La Paz y Santiago. A esta etapa correspondieron las conversaciones en el navío Lackawanna, en octubre de 1880 (Fernández Valdés, 2004, pp. 35-45). La etapa más intensa de la intervención norteamericana se dio en 1881, bajo la presidencia de James A. Garfield, cuyo secretario de Estado fue James G. Blaine. Durante ese tiempo la política de los Estados Unidos se caracterizó por su apoyo a los intereses peruanos, en el sentido de conseguir la paz sin cesión territorial. Blaine consideraba inconveniente una victoria de Chile, ya que con ella veía crecer el peligro de un predominio británico en América del Sur (Clayton, 1998, p. 148). Las gestiones del ministro peruano en Washington, Juan Federico Elmore, fueron decisivas para el logro de la colaboración norteamericana, y para que la administración de Garfield reconociera al gobierno provisorio y decidiera intervenir en las conversaciones de paz, para luego 117
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