gobierno provisorio bajo su presidencia, el cuerpo diplomático se excusó de reconocerlo porque seguía en tratos con el gobierno de Piérola; y poco después ignoraron también a este, con el argumento de que no debían tomar partido en la guerra civil en la que había caído el Perú. Esta actitud, a juicio de García Calderón, alentó a Chile a afirmar que no había gobierno legítimo en el Perú con el cual tratar: «por eso la guerra se prolongó y por eso Chile persiguió al gobierno legítimo del Perú y constituyó otro a su amaño» (1949, pp. 128-129). Como es evidente, cada Estado planteaba su posición frente a la guerra en función de sus propios intereses. En el caso de Francia, por ejemplo, su actitud estaba muy ligada al interés de ese gobierno por todo lo vinculado a la Casa Dreyfus: durante la presidencia de Prado se había rescindido el contrato celebrado entre esa Casa y el Estado peruano, y posteriormente se firmó uno nuevo con Piérola, el cual quedó desestimado ante la ocupación territorial por parte de Chile y su desconocimiento del contrato. En cuanto a Gran Bretaña, la defensa de sus intereses comerciales fue muy importante149. Por su parte, la política norteamericana se guiaba por los principios de la doctrina Monroe; en un inicio trató de favorecer los intereses peruanos y evitar cualquier intervención europea. En los casos de Brasil y Argentina, ofrecieron colaborar en una mediación, pero finalmente dejaron esa responsabilidad a los Estados Unidos (Martínez Riaza, 1994, pp. 200-201). España, cuyos diplomáticos actuaban también como mediadores, preocupada como estaba por mantener su dominio en Cuba y por evitar el aumento de la fuerza de los Estados Unidos en el continente, puso todos los medios para impedir que tuviera éxito la intervención norteamericana en la solución del conflicto (Quiroz, 2013, pp. 234-235). 3.2. La mediación de los Estados Unidos La intervención de los Estados Unidos fue muy importante en el contexto de la guerra, y se vio alentada por los cada vez mayores intereses económicos y comerciales norteamericanos en Sudamérica, al igual que por su propósito de tener más participación en los asuntos políticos del hemisferio occidental (Clayton, 1998, pp. 125-126). En particular, de acuerdo con la doctrina Monroe, los Estados Unidos querían impedir que las potencias europeas intervinieran como mediadoras en el conflicto150. Además, al Perú le interesaba la intervención norteamericana, porque se suponía que las potencias europeas estarían motivadas, ante todo, por la 116
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