El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 85 - á tal punto que, llegamos á no r parar en los medios i ellos nos llevan á la meta anhelada. Qué de m nguadas combinaciones, pusiéronme de– lante de los ojos, dejándome conocer claramente la utilidad positiva que yo debía recojer ! Y no siquiera hablábanme de ello en la intimidad de la amistad, si– no con el descaro y la petulancia del que propone al– go establecido y ya por la costumbre aceptado. Esas eran las buscas del Ministerio ; y no buscas piltra/osas como las de hoy, que son una dedada de miel pues– ta en los lábios, sino que eran un gran bocado, que alguna vez resultó tan grande, que se atragantaba. . Y mientras más ruidosas fueron las tropelías co– metidas, y las especulaciones llevadas á término, ma– yor la adhesión de mis amigos y el empeño con que me rodeaban y aplaudían . Para dar prueba de esta inexplicable anomalía, referiré lo acaecido en un ruidoso negociado; uno de esos estupendos Contratos, que los escribimos con le– tra mayúscula, porque llegan á ser hechos históricos, que conmueven las bases y las cumbres del Estado, y dan fama y renombre á ·los que los llevan á térmi– .1;10. Siguiendo la costumbre establecida, muy pom– posamente se le bautizó con mi nombre, y el de los dos comisionados de las Casas inglesas. ~ecuerdo que en este celeb_érrimo negociado, en el que yo y algunos otros, cuyos n~mbres no quiero di-
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