El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 86 -·- vulgar, teníamos parte como interesados directos en las utilidades; fué necesario arrojar del local de las Cámaras, y casi á bayonetazos á los diputados de la «minoría» que se oponían á la realización de nuestros planes. , Con un simulacro de elecciones, formamos nuevos diputados, y el contrato fué aprobado por mí órden y dirección. Este hecho arbitrario y anticonstitucional, lejos de concitarme enemigos, y resfriar á mis partidarios, fué el que consolidó mi partido y me <lió gran renom– bre, presentándome como ho~bre <e enérgico y va– liente 1>. Algunos de los que todavía tienen. el candor de ser honrados, en el revuelto campo de la política, protestaron de lo sucedido, sin hallar eco entre los partidos, ni tampoco en la prensa de la República. Corría entónces como muy válida la especie-y hasta algunos periódicos la repitieron - de estar la prensa de Lima lo mismo que la de toda la Repú– blica, vendida á la Casa contratista; esta afirmación, ni me consta, ni ménos la creo cierta. Y no la creo cierta, porque un país, donde el cohecho y el vil soborno, ganan las altas y luminosas esferas en que el talento y la ilustración, hacen imposibles to– da disculpa, ó atenuación de ciertas prevaricaciones, es un país cancerado hasta la médula de los huesos, y condenado á ser castigado con tremendas convul– siones sociales. Y conste como protesta mía, que esto lo dice un hombre público, que no tiene reparos er{ con-

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