El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

3 -·- al hombre rico. Enaltecemos las virtudes cívicas, y desestimamo al que las posee. Pedimos abnegacio– nes honradas, y rendimos culto al banquero fraudo– lento. Teorizamos admirablemente, y luego, en la práctica, desmentimos todas nuestras bellas teorías. La prensa, la sociedad, todos claman contra los mercaderes políticos, y mientras ese concierto de voces se pierde sin eco ni resonancia, el ministro contratista, el presidente especulador, no ven más que manifestaciones de adulación, y testimonios de adhesión. Parece que todos hubiéramos convenido en que aquella desaprobación al civismo, sea tan sólo en nuestro fuero interno; en cuanto á lo exterior y pú– blico, allá nos peleamos, ·por ser de los primeros en rendirle el homenaje de nuestros respetos á aquel que, se nos impone con la lógica de una sólida for– tuna. Yo, aunque por natural inclinación, soy dado á teo– rizar más bién que á las deducciones positivistas, y las obras imaginativas se adaptan mejor á la índole de mi génio, que las del razonamiento; en esa circuns– tancia, supe deslindar con precisión aquello que te– nía valor verdadero, y lo que sólo tiene valor conven– cional, 6 mejor, nominal. Cuando los hechos derrotan á las ideas, estas pier– den su virtud moralizadora. Yo, que por genial temperamento y por honrados sentimientos, quizá hubiera preferido mil veces, el buen camino, el camino recto~ mejor que el malo

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