El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 82 será dable adelantar ni un solo paso; y postergado, rezagado veré avanzar á los que han sabido aceptar, venga de donde viniere, lo que en estos casos es poderoso motor. Yo no me encuentro con aptitudes para jesempeñar el papel de filósofo, que pretende reformar estas nacientes sociedades, con el sacrificio de su propio bienestar; no soy más que una peque– ñísima parte de un todo que se llama un pueblo; soy una gota de agua lanzada en medio á las corrientes sociales. ¿Qué puedo yo hacer, sino obedecer y marchar, siguiendo el impulso dado? ... Y así dejando libre curso á mi imaginación, aca– llaba las voces de mi conciencia, dándome á mí mis– mo todas las disculpas que pudiera presentar, en descargo de mis faltas. Era la realidad en lucha con mis propios senti– mientos; era el amor al bien, abandonando sus últi– mos baluartes, para entregarse, vencido por la fuerza brutal del c1 hecho consumado 1>; era en fin, la lógica de los acontecimientos, la realidad de la vida, im– poniéndose tiránicamente á la nobleza de un senti– miento que luchaba antes de ser vencido. Es que la honradéz de los políticos, ha llegado á quedar en la condición de esas mentiras sociales, á las que, con tono declamatorio colocamos en las nubes, y en la vida práctica despreciamos soberana– mente. Y de tal suerte nos hemos acostumbrado á esas ficciones, que se llaman «mentiras sociales )), que hemos concluido por mentirnos á nosotros mismos. Cree– mos estimar al hombre honrado. y no estimamos sino

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