El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

o - víme rodeado, estrechado, obligado á ceder y tran– igir con todas ,l~s exigencias é imposiciones de eso_ que se llaman, ~os áulicos ele un Gobierno. Quisiera, en descargo de mis faltas de hombre público, poder describir aquí con pluma maestra, la conmoción profunda, el cuasi trastorno moral que e operó en mi espíritu, cuando comprendí y valorict con toda exactitud, las causas por las cuales había ido yo elevado hasta el ministerio de Hacienda. ¡Ah! no eran mis antecedentes honrados, ni mis cualidades de hombre de Estado, sino simple y lla– namente, el habérseme juzgado bastante aptg y apro– piado, para realizar algunos negociados, que debían enriquecer á los del círculo gubernista... En una palabra: se me juzgó un pícaro de alto rango•, y de– bido á esa suposición, llegué al ministerio de Ha– cienda. Sería preciso que escribiera muchas páginas, quizá demasiado declamatorias y llenas de candorosidades. que harían reir á más de un político de mi tiempo, i hubiera de proponerme describir, aquel choque violento, aquel cambio radical de principios, que <lá por resultado el desnudarnos, 6 mejor, arrancar de nuestra alma, todas nuestras bellas ilusiones. todas nuestras honradas convicciones, para después. en presencia de la realidad, formar nuestro criterio y nuestra conciencia de hombre público. Cuando llega ese momento en que, la convicción. resultado de la esperiencia, nos manifiesta que eso. que llamamos honradez, lealtad, rectitud, ó lo qut _e le quiera llamar, es un mito al qne. en política.

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