El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 71 - rne, que má tarde e~os campos blan 1nearían ilumi– nados por la luna, sembrados de huesos de hombre: que entónces estaban llenos de vida! ..... . Y en esos momentos, pensaba que na<la había más opuesto á los sentimientos humano y al pro– greso de los pueblos, que la guerra civil, ese grito feroz, lanzado siempre por los ambiciosos y cobar– des; ellos Yienen-decíame - á despertar los malo instintos de lós pueblos, para lanzarlos cual fiera~ los unos contra los otros, con el fin infame de verlos devorarse, para luego levantarse scbre aquellos mon– tones de cadáveres ele hombres, que la insensatéz y la ignorancia condujeron á la muerte. Y yo me reprochaba á mí mismo, mis ambicio– nes políticas, que lleváronme á formar número, jun– to con esas turbas que, incapaces de elevarse por la senda por donde deben subir los hombres superiores, con talento y virtudes cívicas, van á las encrucijadas tortuosas, para dar el asalto del foragido, que tala, roba y mata!. ..... Por dicha mía, aquellas aflictivas ideas, no me do– minaron, sino en tanto duró la conmoción de las pri– meras impresiones del militar en campaña; poco~ días después, ni compadecía al coronel muerto, •ni me indignaba contra los autores de motines y suble– vac10nes. Cuando á los argumentos del buen sentido, opone– mos los de la propia conveniencia, es fácil acaHar, ó cuando menos contentar, la voz de la conciencia! ...

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