El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 67 - Aquel ,o-alope debía estar muy próximo á nosotros. pues _percibíamos el chocar de las armas del jinete. . { is s ldados se acercaron á mí, y m rodearon mi– rándome, cual si esperaran mis órdenes. Apenas tu– ,·imos tiempo para desviarnos del camino, y ocul– tarnos tras un grupo de ranchos ,,acíos, formados de malezas y totora. Muy luego apareció un jinete; era nn arrogant joven que sin duda por haber percibi- . do el ruido que produjeron nuestras cabalgaduras, <letúvose á mirar á uno y otro lado; pero s-qs inves– tigaciones, no le dieron feliz resultado; ocultábanos el follaje de los árboles y la sombra de la 1~anchería que teníamos delante. Yo le examinaba mirándole inmóvil, y ésperando . . . 1gmera su cammo. - Es un 111,aca mama, es necesario matarlo - dij o uno de mis soldados en voz baja y amenazadora. Este nombre ofensivo, tomado del quechua y qu quiere decir: pegador de su madre, era aplicado á los arequipeños que estaban al servicio del Gobier– no, y que en cumplimiento de su deber, habían, ido á atacar á la ciudad rebelde. Evidentemente era un gobiernista, es :iecir, un ene– migo nuestro; sus vestidos y sus arreos de militar, rlecíanlo á las claras. Era un hombre hermoso y bién formado, y pare– d.a no haber frisado en los veinticinco años. Quedóse inmóvil, erguido, asemejándose á una es– tátua ecuestre. La vida circulaba vigorosa y jóven en aquel cuerpo bién conformado, y diríase capáz de desafiar á la muert.e, ganando siempre la partida.
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