El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 66 - sión, al jefe, en todo eso abundábamos; pero éramos cuerpos, brazos, corazones que necesitábamos un ce– rebro que pensase, y una experiencia que dirigiera. Recuerdo que, con la descabellada dirección dada á la defensa de Arequipa, arrasábamos sembríos, ta– lábamos campiñas, donde se nos decía que debíamos de establecer ya un puesto de avanzada, ya una ba– rricada de defensa; y luego de estar terminado este trabajo, veníamos á caer en la cuenta, de que todo era completamente inútil, y quedaba aquello asolado como si hubiera pasado por allí furioso huracán. ¡Ah! - decíame yo-no es basante que la guerra se harte de carne humana, necesita también devorar el ganado, los sembríos y cuanto vive y florece al ca– lor de la paz y del trabajo del hombre! Y cuando en mi condición de militar, debía acep– tar la guerrera imposición de matar y destruir sen– tía romperse las fibras sensibles de mi alma. Un día, yo había salido en compañía de cua– tro tiradores; el cielo estaba hermoso y la cam– piña parecía olvidar, que bajo sus frondosos árbo– les, encerrábase la muerte y el exterminio. La tem– peratura era dulce, y ráfagas de viento cargadas del ambiente de las flores, llegaban hasta mí. Quise hacer una excursión fuera de trincheras, y nos inter– namos en un soto, formado poryerbas silvestres y ár– boles frutales, los que luchaban por resistir la inva- ión de las yerbas oriundas de aquellas zonas. De súbito sentí el ruido del galope de un cabéillo, é instintivamente detuve el mío. Me hallaba en la zona ocupada por el ejército sitiador.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx