El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 63 - y director de la guerra, y yo, su amigo íntimo, y tambien jefe de un cuerpo del ejército, que debía defender la población y librar la batalla, nos ocupá– bamos con suma consagración en dictar unos Esta– tutos para una ' Sociedad de bellas artts, que nos pro– poníamos fundar en Lima, cuando él hubiera al– canzado el triunfo de su causa ( !! !) ... Las noches las pasábamos discutiendo sobre nuestra Sociedad ie bellai artes, ó tambien combinando planes finan– cieros, cuya magnitud y bastedad, dejarían apabu– lladas y boquiabiertas á todas las naciones de ]a vieja Europa. Todos sus partidarios, jóvenes inexpertos unos, y pobres agricultores otros, vivíamos fascinados é hip– notizados bajo su elocuente palabra. Las horas desocupadas, aquellas que podíamos ro– bar á las disertaciones artísticas, 6 á los convites de nuestros amigos, yo las consagraba á leer la Táctica '-el Marqués del Duero, con el fin de refres_car los re– cuerdos de lo poco que en el Colegio Militar aprendí. Yo era un coronel de manga ancha, no tanto por blandura de carácter, cuanto por conquistar simpa– tías entre mis subordinados que, por lo mismo de ser ellos, más entendidos que yo, en el arte militar, hubieran podido cubrirme del ridículo propio del jefe ignorante, á no abon 4 rme su buena voluntad. Cuando el Conspirador no hablaba de sus gran– des innovaciones y reformas á la Constitución, ha– biaba de alta literatura, tocando temas de lengüisti– ca de los más delicados; y con esto es suficiente pa– ra que se comprenda lo mal que estaría el servicio
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