El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

1 pondíame con toda suerte de deferencias; á tal punto <\!Ue, después de pocos dias, fuí su amigo íntimo y prefe~ido; y allá en su alcoba fascinado por la mágia de su palabra y el brillo de su talento, pasaba yo las horas muertas escuchándole hablar. Y cuando él desenvolvía los maravillosos planes políticos, y las portentosas reformas que había de realizar, para convertir al Perú, en el mas,florescienfe y hermoso país del mundo, yo me extasiaba y sen– tía el arrobamiento que solo puede producir el ver– dadero talento. Cuánto lo envidiaba, y con cuánto empeño trataba de imitarlo! Llegar á ser un caudillo como él, adulado por los hombres y mimado por las mujeres, era la ambición mas vehemente de mi alma. Y luego su aire marcial, SN porte caballeroso me encantaban. ¡Oh! desde aquella época datan todas las grandes ambiciones que fueron móvil de mis acciones y mis constantes anhelos! Con mi inexperiencia juvenil, no supe darme cuen– ta que, el Conspirador era el hombre ménos apro– piado para tomarlo por modelo, ni como militar ni menos como político; y si bién él hubiera sido un buen artista, no fué jamás ni estadista ni político cle mérito. Recuerdo que, mientras el General enviado por el Gobierno, para atacar la ciudad rebelde, se ocupaba en darle á su tropa la disciplina· y pericia I}ecesarias, µ>ara el ataque de la plaza que debía efectuarse de un día a otro; nosotros, él el jefe de la revolución

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