El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

-- 61 -- brios <le h -chos que pertenecen á la. historia, no quier entrar n d talles ni pormenorizar los suce– sos, ocupándome de los principales actores de aquel movjmi nto r volucionario · referiré no obstante, á gTandes rasgo , lo más notable que con mayorviveza ha quedado impr so en mi memoria, Aquella revo– lución, como otras muchas promovidas por el Cons– pirador, tuvo su trájico desenlace en Arequipa, en el mismo lugar de su nacimiento. Sus campos talados, sus pobladores diezmados por las fuer zas enemigas no fueron los únicos males (1ue Arequipa debió lamentar, quizá arrepintién– dose de sus aficiones revolucionarias y de las expan- iones dadas á su belicoso espíritu. Yo, sin otros méritos que el de revolucionario y , amigo del Conspirador, fuí favorecido con el grado <le coronel y á continuación se me dió el mando de un cuerpo. Este honor, hubiera halagado muy mu– cho mi vanidad, si no hubiese tenido en perspectiva una batalla muy próxima, pues que el Gobierno había enviado el grueso del ejército para atacar á la ciudad rebelde. El Conspirador podía ser todo menos militar: era un artista, un poeta, un soñador, por eso fué un Quijote de la política de aquella época. Y yo con la inexperiencia de la juventud, parecíame que él era el perfecto modelo que yo debía imitar sin desviarme un punto de su ejemplo; y con secreta vanidad, me figuraba que semejanzas admirables existian entre nosotros dos. Y él, conocedor de mi ciega admiración, corres-

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