El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 59 - a altaban el Palaci de Gobierno; imagináb::une sen– tir el chocar de las armas, acompañados de los vivas ~ muera que allá en mi infancia, atronaron los aires llenando mi alma de pavura, y que hoy habían de llenarla de contento. Y calenturienta la frente, palpitante el corazón, me lanzaba fuer1 é interrogaba á mis amigos, temien– do que aquello pudiera realizarse y quedarme rezaga– do en aquel tumultuoso movimiento revolucionario. Mi inquietud sólo podía ser comparable, á la del viajero que, de pié en la orilla, espera la nave en la cual debe embarcarse y partir para llegar á tierras encantadas, que habían de brindarle eterna dicha. Ser ministro ele Estado! ...... Quiá ! Era bien po- ca cosa para mi ambición! Y con innumerables ejemplos de hechos sucedidos, deducía, yo que una cartera no podía ser cosa muy halagüeña á mi vani– dad. Los ministerios-decíame - están en el Perú relegados para los talentos inéditos, para los que han dado pruebas de saber precisamente lo contra– rio de lo que necesitan, ó simplemente no saber na– da, que es otro de los caminos que conducen allí. Yo no pretendía pues tan poca cosa; mis aspira– ciones estaban fijas en punto mucho más alto, y há– cia allá quería yo dirigirme, con todas las fuerzas de mi voluntad y toda la energía de mí espíritu. En los revueltos, campos de la política, drago– neaba entonces, un hombre de talento, el cual mere-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx