El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- ·56 - asáz chillones de los vestidos de las mujeres, fueron tomando esa opacidad, de los colores oscuros~ Era el pisco que se me había subido á la cabeza. De pronto - aquello fué impre~isto - un descono– cido lleg6 por mi espalda, y g9lpeándome furiosa– mente dijo: - Vengo á tomarle á Ud. cuenta, conqué derecho está Ud. enamorando á esa mujer? ..... . Yo me puse de pié; apenas podía sostenerme. Echando ternos y llenándonos de improperios nos fuimos á las manos, y ..... . Aqui acaban mis recuerdos. Al día siguiente me encontré acostado en mi cama y rodeado de mi familia. Sentía el cuerpo magulla– do, dolorido; la cabeza me pesaba como si la tuvie– ra llena de plomo, un dolor lancinante é insoporta– ble, atravezaba mi frente fijándose en ambas sienes. Cerca de mi cama, colocada sobre una silla, y con las mangas caídas á los costados, estaba mi camisa, cubierta de manchas de sangre, asemejándose á un mudo y elocuente testigo, que sin más comentario– habíale referido todo e lance á mi tía. Ella siem– pre prudente y buena, miraba la camisa sin decirme una palabra de reconvención. Ya no quedábame más que el arrepentimiento; pero es el caso que también me quedaba la tµnda de trom– padas aplicada por el otro borracho. Cuán estúpidos somos los hombres !..... .
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