El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

-- 55 el recu rdo el ;; 111 i lrnena tía; ,·cíab, trayéndome la tasa de café puro, para disipar el dolor de cabeza que infaliblemente iba yo á coj r, con esa maldita mezcla de bebidas alcohóli as, qu tanto daña la sa– lud; y que por experiencia ( adquirida n un umpl - años de mi tío) sabía que debía producirme ese ma– léfico efecto. e nos obsequió con una suntuosa cena, por u– puesto costeada por algunos de los visitantes, que no iempre es 1 más rico, sino el más enamorado; eso _í á la hora de pagar, ya sería otro cantar, que á rumbosidades sin dinero, no hay quien gane á los es– tudiantes. La hora de la cena, fué la hora de absol-uta liber– tad. Todos estábamos apareados, y ninguno se ocu– paba de lo que hacía su vecino . Yo estaba, más t}Ue alegre, aturdido. Apenas si me daba cuenta de si aquello era bueno ó malo. A mi alredor se gritaba e disputaba, muchas veces sobre temas nécios é in– conducentes . El ruido de las botellas que se des– corchaban y de las copas que se rompían era atrona– dor. Muchas otras mujeres llegaron después, pero yo no fijaba la atención sino en la chica á quien se– guí desde la plaza. Por momentos, parecíame que una nube se inter_ ponía entre mi persona y las que me rodeaban; algo así como" un manto de plomo extendíase, y me sepa– raba de los demás, gravitando pesadamente sobre mi cabeza. Distinguía confusa y vagamente las mira– das ardientes y las voces acaloradas de los comensa– les. Todos se me aparecían como alumbrados por · ~ nna luz amarillenta y mortesina; hasta los colores,

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx