El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 54 -- Cuando llegó á su morada detúvose de pie en 'la puerta de calle, y nosotros aprovechamos la ocasión para entablar conversación. Estas cosas se hacen en Lima con la may0r na- 1:uralidad, máxime si la dama vive por aquellos ba– -rrios, y al llegar á su casa os la ofrece diciendo: Ca– tay mi casa, aunque pobre, puede Ud. visitarnos. No necesitamos que nos repitieran esta invitación, y Ios cuatro nos apresuramos á aceptarla. En la casa hallamos á algunas otras jóvenes más., que sin duda esperaban á la que parecía haber salido á reclutar jóvenes para divertirse. Muy pronto se armó una de esas reuniones que ellas pulcramente llamaban te1,tulias de confianza, y que nosotros llamábamos «unajarana Abajo del Puen– te,>; esto como quien dice un jaleo de prinio cartelo. Por primera vez iba á encontrarme, entre lo que se llarria gen te de vida alegre, ó de vida airada, cosa h asta entónces para mi desconocida. Yo sentía las violentas emociones del que prueba algo nuevo y desconocido; veía que, de todos esos calaveras que se entregaban á la alegría, yo era el más joven ; esto me impresionaba y conmovíame, y quizá por lo mismo, deseaba desempeñar bien mi pa– p el, y me decía á mí mismo: - <<Una noche de or– gía es lo único que dá la convicción de ser ho11ibre en toda la extensión de la palabra; ánimo pues, es ne– cesario ser calavera, beber sin tasa y enamorar á ro– so y belloso >). En algunos n:-omentos de silencio, mortificábame
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