El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
· - 53 - quiar uno de eso pucheritos á la hermosa niña de sus amores. La erala como cntónces decíamos, consistía en tirar una moneda ( un sol por ejemplo) en pago de un pu– cherito que costaba medio real; esto tenía por objeto el aparecer rumboso y rico, y no mezquino y econó– mico, grandes defectos de los que siempre hemos hui– do los peruanos. Ménos simpática y ménos aristocrática también, s la tamalera; la que no sólo en las noches buenas, sino que también en los domingos y días feriados, nos aturde con su ininteligible pregón, que se diría. pertenecer á cualquier idioma ménos al español. Todos estos tipos, son hoy todavía de actualidad; pero el tiempo y las costumbres, hanlos degenera– do, y casi podríamos decir despoetizado. Aquella noche, la plaza estaba profusamente ilu– minada, y siguiendo la costumbre, debían lucirse los espléndidos fuegos artificiales, con los cuales la Mu– nicipalidad contribuye á la celebración de la « víspe– ra del 28 >> . Mis compañeros y yo, nos paseábamos alegremen– te por el Portal de Botoneros, cuando acertó á pasar cerca de nosotros una linda y seductora chica que, con aire provocativo, mirábanos y sonreía, como di– ciendo :-Síganme. Acompañábala una mujer, que frizaba en los cincuenta. Seguímoslas no sin tener que repartir codazos y empujones á cuantos se opo– nían á nuestro paso. Siguió ella hasta una calle que por aquella época era para estudiantes y jaranis– tas, promesa de placenteros resultados .
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx