El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 52 - Y ya que á cuento viene, no dejaré sin mencio– nar algunos tipos nacionales, que por cierto no han de carecer de novedad, para el extranjero que no ha– ya visitado esta tres veces coronada ciudad ele los Reyes. Para conocer el tipo criollo limeño, necesario es haber asistido á la Plaza de Armas, en una noche bite– na de 28 de Julio, allá por los años en que Lima conservaba todo su sabor criollo y semi-andaluz; y este tiempo no es muy lejano: lo conservaba toda– vía por los años en que yo y mis compañeros de co– legio, hacíamos novillos, y nos íbamos á tracamun– dar en las noches buenas. Como el más popular tipo, estaba allá la buñuelera, la que vende bufiuelos calientes con almibar, y que, con todos los trastos y chismes de su oficio, se instala en plena calle, junto con otras muchas de su gremio, y forman su batería de fogones y ollas, para freír los bu– ñuelos; este es el tipo ménos simpático; pues que necesitando usar de combustible para sus frituras, que deben estar calientitas, atestan de humareda todo el trayecto ocupado por ellas; á tal punto que en algu– nos sitios, es imposible no sentir sofocación, y mal á los ojos; pero los buñuelos con almíbar són tan ricos que ...... á nadie se le ha ocurrido hasta hoy suprimir á la buñuelera ! ...... Mucho más simpática que esta es la misturera, la que vendía pucheritos de mistura, que consistían en un conjunto de fragantes flores, colocadas en una hoja de chirimoyo. Los piqitines y los novios, debían á precisión obse-
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