El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 47 - - lante de la puerta del t enducho, donde vivía la mujer á quien yo consideraba ya, como víctima de mi'prime– ra aventura amorosa. íás ¡ay! que en el momen– to ménos previsto, sentíme Yigorosamente asido por el cuello, no de mi cuerpo, sino de mi chaqué. Describir mi terror, cuando me dí-¡ quién había de esperarlo !-con la mismísima hercúlea figura del marido de mi Panchita, es algo que necesitaría una ele esas plumas artísticas, que alcanzan describir, con la corrección del pincel, las impresiones violentas en su mayor grado y perfección. Yo confieso que me considero completamente inhabil, para pintar lo que en ese momento sentí. Sin intentar oponer resistencia alguna cual si me hallara ante superiores y poderosas fuerzas, fuí lle– vado, ó mejor diré, arrastrado hácia la tienda, donde él y yo entramos : es decir me entraron. H e olvidado advertir que el marido ele mi Panchi– ta, era un italianote de hercúlea figura, cuyas manazas asentáronse sobre mi débil cuello, con la brutal pe– sadéz de sus fuerzas. Lo más ofensivo del caso es, que el pícaro italia– no ni siquiera estaba furioso, sino que muy risueño y con su acento y pronunciación italiana díjome: Dé 1,1,sté gracia á que pertenece á una familia que yo. rispeto y que no es itsté un hombre, sino un mu– chacho; y yo á los mocosos como itsté los agarro por la sentiwa, les bajo los calzones y les arrimo unas pal- madas en el ...... (No puedo escribir la palabra). Des .. pués, señalándome la puerta con sumo desprecio agre– gó : - Lárguese usté de aquí y si vuelve usté á es-
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