El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
.. ~ 46 - ese ejemplo y contestó: - Gracias hijito, así lo ha– ré -y guardó mi regalo, ó mejor dicho, mi amorosa declaración en el bolsillo del traje. El corazón me latió con violencia, y sentí como una llamarada que me quemó hasta las orejas. Fe- lizmente ella no fijó en mí la atención, y más bién apresuró el paso como si temiera que yo pudiera arrepentirme de mi generosa da.diva. Las costuras que doña Panchita traía, eran ropa- de mi uso interior; y mi tía fué de opinión que la ti– jera de la cortadora, había sido tan generosa, que en vez de cortar una pieza, como para un niño, resulta– ba ser esta, como para un hombre. Doña Panchita se defendía y argumentaba y argüía que yo estaba creciendo y engordando que era una maravilla, y que de dos lavadas había de quedarme todo al cuerpo. Luego volviéndose hácia donde yo estaba, díjole á mi tía: ~ Pero no ve usted señora que el niño Jorge es ya un jovencito hecho y derecho ¿qué le falta para ser nn hombre? -Tener una querida; -dije yo para mis adentros, é instintivamente llevéme la mano al naciente bozo, y me imaginaba que retorcía unos largos mostachos. Aquella opinión emitida por mi futura amada ha– lagó. hondamente mis esperanzas de conquistador. Pocos días después de haber entregado mi apasio– nada misiva, paséabame yo, con aire satisfecho, de-
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