El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 45 - rostro, pareci6me que tenía expresión bondadosa, ) aire simpático, y también buen talante. Su traje, si bién era algo descuidado, y asaz mo– desto, pensé que el día que ella tuviera un amante, había de esmerarse en su atavío, y preocuparse en lo que tal vez, desde que fué casada, no le había ocu– rrido pensar; esto es; parecer bién. Y en último ca– so, yo la imbuiría esta idea, regalándola elegante. vestidos, comprados con mis economías. Al presente, lo único que debía preocuparme era, de qué medio me Yaldría para entregarle mi amoro- a misiva; amorosa en grado superlativo, puesto qu la decía que, caso de desatender ella á la inmensa pasión que me había inspirado, pondría yo fin á mis días; y ella cargaría el remordimiento de haber sido a causa de mi muerte. Para escribir este billete amatorio, hice más de diez borradores, con int ercaladuras y llamadas al márgen, cambiando palabras y frases enteras; al fin quedé satisfecho ele haber escrito una incendiaria carta. Un día que ella fué llevando las consabidas « cos– turas blancas>>, le salí al paso tembloroso y ajitado, pero resuelto á entregarb mí billete amoroso, el cual cuidé de perfumar y atar con cinta color de ro– sa, dejándolo convertido en un paquetito que pudiera interesarla - Doña Panchita-díjele, alargando ape– nas la prueba del delito - guarde Ud. esto y sólo en su casa vea Ud. lo que contiene. Ella que estaba acostun:ibrada á recibir frecuentes · regalitos de mi tía., sin duda supuso que yo seguía

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx