El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 44 - fingido cariño, cuando se hallaba en presencia d~ mi tía. No dejó de asombrarme, cómo era que antes no había caído en la cuenta qué tenía á la mano la mu- jer que yo 11ecesitaba...... .., U na mujer casada y de treinta y cinco años! ..... . ¡Vaya! si no iba á dejar aturrullados á todos mis compañeros! Francamente tuve _lástima de los que tenían por querida á la criada de la casa, ó á la china de la ve– cindad. Pero es el caso que, si antes no había parado mientes en la persona de doña Panchita, este era su nombre, era porque ella para mí no fué más que do– ña Panchita, algo así como una cosa que yo estaba acostumbrado á ver, desde que tuve uso de razón, sin que pudiera asegurar si era boriita ó fea, jóven ó vieja, flaca ó gorda, y casi estoy por decir hombre ó mujer. Yo había crecido viéndola siempre en mi casa de Arequipa-porque mi Panchita era mi com– provinciana-con el envoltorio de << costuras blancas» que llevaba y traía, con su aire de trabajadora y mu– jer honrada, que jamás interesó mi gusto, ni movió mi curiosidad; á tal pnnio que, si me hubieran pre– guntado por las señales de su fisonomía, hubiérame puesto indeciso , como si se tratara de persona des– conocida. Desde el punto y hora que la cl.esigné, en mi ima– ginación, para ser mi futura amada, parecióme que se hubiese metamorfoseado, tomando la forma de mu– jer; y, aunque poco agraciada en los contornos de su
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