El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
la idealidad que puede conducir á la pasión pura, arrebatada, sentimental; pero no me encontraba COlil valor para irá solicitar á una mujer desconocida, IJ.Í ménos hacer una declaración á una mujer de calidad, que me hubiera echado de patitas, con lá música á otra parte. Yo pasaba revi_sta á cuantas mujeres conocía y á todas las hallaba inaccesibles; y no porque fuera muy exijente en mis gustos, ni porque la deseara dechado de perfecciones, ni tampoco una Eloisa de pasión, ni una Cleopatra de gracia y sensualismo: bastábame con que fuera una mujer presentable, y capáz de con– quistarme la admiración que yo había prodigado á mis compañeros. Cejijunto y desazonado, miraba pasar días y más días, sin hallar el tesoro qne yo codiciaba: la deseada mujer que con toda propiedad yo llamaba « miado– rado tormento í). Y no era ya sólo la vanidad estudiantil, la que me llevaba á soñar y desear el amor de nna mujer; eFa algo más, que hondamente agitaba mi espíritu y es– tremed.a mi cuerpo. Y lo peor era que hasta la sirvienta de mí tía, tenía cincuenta años y no gustaba de bromas, que de nó, con sus cincuenta años y todo ... ¿ quién sabe? ... Consultéle á Ernesto ¿qué debía hacer? ..... . -Mira-me dijo-yo he oído decirq"tle las mu– jeres no resisten á la audácia; emprender y ... ¡ ade– lante! No dicen que las mujeres son tan débiles? ... Y qué, caramba! los colegiales somos cosa buena y no hay que afligirse por tan poco.
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