El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- - 41 . - Pero ¡ay! en dos meses de holganza y comple– ta libe,rtad para mis compañeros, ya me suponía que su catálogo de conquistas y amoríos, había de ser abundantísimo y lleno de lances, deliciosos para ellos, y de humillante realidad para mí, que no po– día contar ni con una sola conquista amorosa, de aquellas que tanta importancia daban á mis compa– ñeros y amigos. Casi, casi estuve á punt.o de inventar una historie– ta, que sobrepasara en atrevimiento y felicidades á las de todos mis condiscípulos, pero es el caso que, era necesario decir nombres propios, citar hechos, y señalar lugares ; y otros amigos míos que, antes que yo fueron descubiertos en 111,entira, quedaron en· el más triste ridículo. ¡Ay! estaba pues condenado á que estos vencedores echaran piernas á mí lado, y me abrumaran con su desdén por no poder llegar á la altura de sus envidiables fechorías! Sentíame humillado, martirizado al no poder, co– mo mis camaradas, presentarme alardeando de amante dichoso y preferido; y la idea de desafiar su desprecio me mortificaba muy más, que 1a falta que pudiera hacerme la querida que ambicionaba. , En la calle después de echarnos una copa al cole– to, que á mí me quemaba las entrañas, tirábanse el sombrero sobre la oreja y me llevaban á pasearme por bajo de los balcones de alguna dulcinea, que les espetaba; y muchas de ellas eran mujeres casaµas; y esto era lo que á mi concepto, daba mayor impor– tancia á esas envidiables conquistas. Yo no sabía que hacerme; sentía en mi alma, toda 4
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