El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

40 - Con gran pesar de mi tía, que veía al Jorjecito, ob– jeto de sus mimos, tornarse hombre; pero con gran alborozo para mí, que anhelaba llegará hombre, apa– reció el vello viril, dibujando el bozo, y sombreando las mejillas. Diezisiete años y de estudianteL ..... Hay acaso en la vida, situación más deliciosa!. ..... Máxime si te- nemos una tía que cuida de proveer de dinero los bolsillos, y mimarnos con frecuentes regalitos. Dos años habían ya trascurrido, desde que llegué al colegio; y como yo era muy aficionado á b1fscar la compañía de los que en los colegios se llaman los grendes, acontecíame con frecuencia, sentirme cruel– mente humilldo, cuando alguno de ellos, con aire confidencial y con detalles y peripecias, relataba sus conquistas amorosas, las que yo escuchaba con si– creta envidia. Y si bien mi caracter era atrevido y aventurero, la vida del Seminario, bajo la extricta disciplina reli– giosa, que nos obligaba á la humildad y al apoca– miento de ánimo, debilitó mi espíritu, tornándome casi tímido Y. amilanado; lo cual se manifestaba más claramente, así que se trataba de empresas que lle- , varan mi acción fuera de las aulas estudiantiles. Un año hacía que llevaba vida de colegial, siem– pre desempeñando el papel de forastero, encogido y medroso, que no contaba ni con una sóla fechoría de las que podían darme autoridad y va imento, ante mis compañeros; · y terminadas las vacaciones del año escolar, debía ingresar nuevamente á mi en– cierro.

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