El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 35 - dual en el hombre públicJ; es más bien, el medio am– biente; esa atmósfera moral en que se amolda su es– piritu y se animan sus ideas. La educación y la familia forman al hombre de co– razón y al buen ciudadano; al hombre de Estado, solo lo forman la sociedad y los acc ntecimientos. Yo no encontré en Lima, más atmósfera moral que, de una parte el movimiento político con todo su séquito de perfidias é infidencias, de la otra, esa vi– daligera, pueril, que lleva todos los gérmenes para el mal y tan pocos para el bien. Les colegios, no hicieron más que llenarme el ce– rebro de ese fárrago de enseñanzas, sin método, sin orden, sin un solo principio de moral sólida, que pu- diera servirme de guia en el curso de mi vida ..... . Y así, compelido por las carrientes sociales, y bajo la influencia de los acontecimientos, llegué á sentir aversión al trabajo, ya fuera comercial ó industrial, á la vez que todas mis aspiraciones se dirigian hacia el vasto campo de la política. Es que quizá entonces como hoy, llegaban hasta mí, los tristes lamentos lanzados por esa clase que con justicia se titula productora, en contraposición á la que puede llamarse consumidora. ó improductiva. . Y no me refiero aquí al proletario, sino al agricul– tor, al industrial y á todos los que consagran sus fuerzas á labores de ese género. Para ellos tados los caminos son escabrosos y difíciles, así como para el político ó empleado público, son fáciles y cómodos. Lanzamos angustioso clamor al ver que las indus– trias decaen, la agricultura perece, siguiéndoles en
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