El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 34- y hasta música, que bastante plata me ha costado; y segundo, porque dicen qoe el coronel aquel en su vi– da de revolucionario, debía algunas muertes; y como yo sé que el mismó Dios ha dicho:-Quien -á hierro· mota á hiero morirá: creo que la Providencia eligió á mi esposo, para que f~1era el castigador de ese mal hombre. Después de una corta pausa, mi tía agregó:-Que Dios lo tenga en su santa paz!. ..... Y reclinó la cabeza, y ví que movía los lábios, con la inconsciencia habital de las personas rezadoras y . . . sm conv1cc1ones. Infiero que agregaba un pa.drenuestro más, á los ya rezados, por el descanso del desventurado coro· nel. Aquella noche la conversacion terminó, mística y tristemente. * * * Por aquella época fué necesario por asuntos de fa– milia, que nos trasladáramos todos á Lima, y siguien– do los deseos de mi tía, pasé á ocupar un asiento en las aulas del colegio militar. Y puedo decir que aquí en Lima, fué .donde se Je · cicJió mi porvenir, puesto que yo me hallaba en esa edad, en que el carácter, el espíritu ó lo que se le quier·::1. llamar, á eso que és la fisonomía moral del hombre, toma su forma definitiva. No es la educación de la familia, ni tampoco la de os colegios, lo único que imprime su sello indivi-

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