El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 32 _- tertulia de mis tíos, entablóse cerca de la. cabecera de mi lecho. Recuerdo que mi tía, dándo pábulo á su locuaci– dad, relató un suceso, que por trágico y extraordi– nario, ha quedado hondamente grabado en mi me– moria. Referíase á la época en que su esposo fué pre– fecto de Trujillo~ y decía: - Mi marido fué allí to– do un autócrata. Y no pasamos malos sustos con _us .temerarios abusos. Imagínense: un día tuvo co– nocimiento de que un coronel fraguaba una revolu– ción, y sin más datos, lo hizo tomar preso; lo natu– ral era que lo hubiese mandado á Lima; pero él de– cía:- Los presidentes mandan obedeciendo las le- yes, y los prefectos mandan obedeciendo ...... su pro- pia voluntad . Para castigar con toda severidad, al coronel en cuestión ...... ¿ qué creen ustedes que hizo? pues le aplicó tormento. Y no así como quiera, sino tor– mento verdadero, y tan verdadero fué, que el hombre no lo pudo resistir y se quedó muerto. Esta última palabra de mi tía, prodújome invo– luntario estremecimiento de susto: y ella al notarlo llevóse una mano á la boca, cual si quisiera r'ecojer esa comprometedora palabra, y muy quedo exclamó: - Estaba despierto! .... .. Me ha oído! ...... Entónces yo respiré fuert emente, y me volví af otro lado, continuando siempre como había estado, r on los ojos cerrados. Mi tío J uan, mirándome la cara afirmó :- No, e - t {t bién dormido.
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